Desde el riñón de la “militancia digital” y las Fuerzas del Cielo que comanda el estratega Santiago Caputo, la desconfianza hacia la gestión de Pareja en la legislatura y los concejos deliberantes bonaerenses alcanzó niveles de alarma. Las críticas apuntan a un esquema de concentración económica: se acusa al armador de monopolizar y digitar los recursos financieros de los bloques legislativos, un factor que, según analistas del sector, opera como el principal detonante detrás de la fuga y diáspora constante de concejales y legisladores provinciales. Al vaciar de autonomía económica y desplazar a los pibes de la “batalla cultural” en el reparto de bancas, las estructuras locales terminan quebrándose o migrando hacia bloques autónomos ante la asfixia financiera. Este cuestionamiento al manejo de la billetera por parte de Pareja no es nuevo y arrastra el fantasma de la falta de dinero para la fiscalización, un antecedente directo que ya había generado fuertes reproches internos durante las campañas previas. En aquel momento, las denuncias soterradas por la escasez de viáticos y recursos para blindar las urnas abrieron una grieta que hoy vuelve a supurar. Para el ala tuitera e ideológica, la repetición de estas prácticas bajo la excusa de la “rosca territorial” tradicional representa una traición al espíritu fundacional del espacio y el riesgo de que la provincia clave del país quede en manos de un armado “franquiciado” y carente de lealtad doctrinaria. La tensión pone en jaque la convivencia de las dos almas del oficialismo en el principal distrito electoral: la pureza ideológica del “triángulo de hierro” contra el pragmatismo recaudador y punteril del aparato bonaerense.